La residencia
Se supone que uno de los grandes logros celebrables de este año debería ser el haber formalizado mi relación con Colombia a través de una cédula de extranjería, que si bien me pone en una categoría de ni muy muy ni tan tan (porque ni muy muy extranjera, pero ni tan tan ciudadana) es considerado un paso grandísimo en términos de beneficios y otras cosas con las que fantasea el inmigrante recién llegado. Es que... Ocho años atrás llegué a este país con un colchón inflable metido en una maleta, sin plata, sin papeles, sin trabajo, sin contactos, empujada por puro instinto de supervivencia y la determinación de echarle bolas, y no lo digo para esquivar el cliché de la maleta llena de sueños porque yo ni eso traía, estaba aterrada, deprimida y atragantándome en mi desilusión. Todo mejoró, logré mucho más de lo que alguna vez me pude haber propuesto, fui capaz de hacer cosas que jamás habría imaginado y ahora tengo una vida en la que no sólo sobrevivo sino que además sueño y me muevo por e...