Resignarse
Sin duda, mi verbo menos favorito. Narra cómo tenías tan bien fijado un sueño en tu cerebro que tus ojos creyeron verlo, así que le ordenaron a tus pies ir en esa dirección, a tus manos sujetar lo mejor de ti para tenerlo listo para entregar, mientras los latidos de tu corazón fueron la música que le dio sentido a tus días y el cosquilleo en el estómago te recordó que estabas vivo. Qué bien se siente estar vivo en ese momento, qué fácil sentir que se puede volar cuando la ilusión es el aire que te mueve . No sólo existo sino también respiro y en cada exhalación un nuevo propósito enciende mi alma. Cuando digo que es mi verbo menos favorito lo que quiero decir realmente es que odio ese maldito verbo. Porque es aceptar la vida sin ese sueño y por ende, sin ese aire. Todo asfixia, todo pesa, paso de volar a agonizar estrellada en el suelo y de paso pretendiendo tener buena cara, convenciéndome de que tendrá sentido eventualmente. Qué porquería. A lo mejor tengo el corazón...